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Corazon Devoto

La Fiesta del Bautismo del Señor: Por qué Jesús se bautizó y qué significa para ti

El Bautismo del Señor en el río Jordán con el Espíritu Santo descendiendo y la presencia de la Trinidad
Datos Rápidos: Bautismo del Señor
📅 Celebración Domingo después de la Epifanía (6 de enero)
Tipo Litúrgico FIESTA en el Calendario Litúrgico
🔄 Significado Cierre del ciclo natalicio e inicio del Tiempo Ordinario
🕊️ Manifestación Revelación de la Santísima Trinidad (Teofanía)
💧 Efecto Santificación de las aguas bautismales

La fiesta del Bautismo del Señor marca uno de los momentos más sagrados del Evangelio. En las aguas del Jordán, Jesús inauguró su misión redentora y reveló al mundo el misterio de la Trinidad.

Este acontecimiento no es solo historia antigua. Es el fundamento de tu propia dignidad como hijo de Dios, bautizado en Cristo.

Indice

El Fundamento Bíblico: Jesús en el Río Jordán

El relato del bautismo de Jesús aparece en los tres evangelios sinópticos: Mateo 3:13-17, Marcos 1:9-11 y Lucas 3:21-22.

Jesús vino desde Nazaret de Galilea hasta el río Jordán, donde Juan bautizaba a multitudes. Cuando Jesús se acercó, Juan intentó impedirlo con humildad: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?”.

La respuesta de Jesús fue clara y firme: “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia”. En ese momento de obediencia al Padre, Cristo se puso voluntariamente en la fila de los pecadores, aunque Él jamás conoció el pecado.

La Voz del Padre, el Espíritu Santo y la Apertura de los Cielos

Cuando Jesús fue bautizado y subió del agua, el cielo se abrió ante los ojos de los presentes. Tres signos extraordinarios revelaron la presencia trinitaria:

Los cielos se abrieron. Por el pecado de Adán, el cielo había permanecido cerrado para la humanidad. En el bautismo de Cristo, Dios abre de nuevo la puerta del Paraíso y restablece la comunión perdida.

El Espíritu Santo descendió. En forma corporal, como una paloma, el Espíritu se posó sobre Jesús. Esta imagen evoca el relato del diluvio, cuando la paloma trajo el ramo de olivo como señal de paz. Ahora, el Espíritu reposa en el corazón purificado, anunciando la nueva creación.

El Espíritu Santo en forma de paloma descendiendo del cielo abierto durante el Bautismo de Cristo
El Espíritu Santo desciende para ungir al Mesías, marcando el inicio de la nueva creación y la paz con Dios

La voz del Padre resonó. Desde el cielo se escuchó: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Estas palabras revelan la identidad de Jesús y son un mandato para todos nosotros: escucharlo, seguirlo, amarlo.

El Precursor: San Juan Bautista

Juan el Bautista fue el último y más grande de los profetas del Antiguo Testamento. Su misión era preparar el camino del Señor, llamando al pueblo al arrepentimiento.

El bautismo de Juan era un signo externo de conversión, un rito con agua que manifestaba el deseo de cambiar de vida. Sin embargo, este bautismo no comunicaba la gracia interior. Juan mismo lo aclaró: “Yo los bautizo con agua, pero viene uno después de mí que los bautizará con Espíritu Santo y fuego”.

Juan era pariente de Jesús. Su madre, Isabel, era parienta de la Virgen María. Nacido unos seis meses antes que Cristo, Juan reconoció desde el vientre materno la presencia del Salvador. En el Jordán, proclamó: “No soy digno ni siquiera de desatar la correa de su sandalia”.

San Juan Bautista el Precursor señalando al Mesías a orillas del río Jordán
San Juan Bautista, el mayor de los profetas, reconoció su pequeñez ante la grandeza del Salvador

¿Por qué Jesús se bautizó si no tenía pecado?

Esta pregunta ha intrigado a los cristianos desde el principio. Jesús, siendo el Hijo perfecto de Dios, no necesitaba purificación alguna.

Santificación del Agua y Aceptación de la Misión como Siervo Doliente

La respuesta nos la da la Tradición de la Iglesia: Cristo no se bautizó para ser santificado, sino para santificar las aguas.

Al sumergirse en el Jordán, Jesús purificó la fuente misma del sacramento. Las aguas quedaron investidas de poder divino para lavar el pecado original y todo pecado personal. Desde ese momento, el bautismo cristiano comunicaría la gracia del Espíritu Santo.

Además, el bautismo de Jesús fue la aceptación pública de su misión como Siervo doliente profetizado por Isaías. Al ponerse en la fila de los pecadores, anticipó su pasión y muerte. El bautismo en el Jordán prefigura el “bautismo” de sangre en la Cruz, donde se consumaría la redención de la humanidad.

Jesús, el Nuevo Adán, y la Victoria sobre las Tentaciones

Inmediatamente después de su bautismo, el Espíritu Santo impulsó a Jesús al desierto. Allí permaneció cuarenta días, ayunando y siendo tentado por Satanás.

El demonio lo atacó tres veces, intentando que renunciara a su misión. Pero Jesús rechazó cada tentación con la Palabra de Dios. Se reveló así como el nuevo Adán, que permaneció fiel al Padre a diferencia del primero que sucumbió en el Edén.

Esta victoria en el desierto anticipa la victoria definitiva de la Pasión. En su obediencia filial hasta la muerte, Cristo venció al pecado, a Satanás y a la muerte misma.

El Bautismo: Nuestro Nuevo Cumpleaños

La fiesta del Bautismo del Señor nos invita a contemplar nuestro propio bautismo con ojos nuevos. No fue un simple ritual. Fue el día en que nacimos a la vida de la gracia.

El Don Inmenso: La Luz de Hijos Amados

El Papa Francisco, en su Ángelus del 7 de enero de 2024, nos recordó una verdad que muchos olvidan: el bautismo es nuestro nuevo cumpleaños.

Ese día, Dios entró en nuestra vida. Purificó nuestro corazón del pecado original y nos hizo sus hijos para siempre, herederos del Paraíso. El Santo Padre exhortó a cada cristiano a recordar y celebrar la fecha de su bautismo, porque marca el inicio de nuestra vida como hijos amados del Padre.

Celebración del sacramento del bautismo de un niño recibiendo el agua bendita y la gracia divina
El día de nuestro bautismo es nuestro “cumpleaños espiritual”, el momento en que nos convertimos en hijos de Dios

Dios nos mira con los mismos ojos con que miró a Jesús en el Jordán. Nos dice: “Tú eres mi hijo amado, mi hija amada. En ti me complazco”.

El Llamado a Vivir Nuestra Dignidad de Hijos Adoptivos

Por el bautismo, fuimos revestidos de Cristo. Nos convertimos en templos del Espíritu Santo, en moradas vivas de la Trinidad. Participamos de la naturaleza divina y somos coherederos con Cristo.

Esta dignidad no es un título vacío. Es un llamado a vivir como hijos de la luz, rechazando las obras de las tinieblas. Estamos llamados a reflejar en nuestra vida el amor del Padre, la entrega de Cristo y la santidad del Espíritu.

Renovar las Promesas: Las Renuncias a Satanás, sus Seducciones y el Relativismo

La Iglesia nos invita cada año, especialmente en la Vigilia Pascual, a renovar nuestras promesas bautismales. Este compromiso incluye tres grandes renuncias:

Renunciamos a Satanás. Al enemigo de Dios y causante de toda injusticia. Rechazamos sus seducciones, que se manifiestan en el egoísmo, la envidia, la ira, la lujuria, la soberbia y la avaricia.

Renunciamos al relativismo. Al mundo que niega la verdad de Dios y pretende que cada quien decida qué está bien o mal. Nos oponemos a la mentira que presenta el pecado como si fuera bueno, especialmente en temas fundamentales como la vida humana o la santidad del matrimonio.

Creemos en la Trinidad. Profesamos nuestra fe en Dios Padre, en Jesucristo nuestro Salvador, y en el Espíritu Santo que habita en nosotros. Este credo es el fundamento de nuestra identidad cristiana.

El Espíritu Santo en Nosotros: Somos Templos de Dios

San Pablo nos recuerda en 1 Corintios 6:19: “¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo?”.

El Espíritu que descendió sobre Jesús en el Jordán ahora mora en nosotros. Por eso debemos invocarlo constantemente, pedirle su luz y su fuerza. Debemos cuidar de no entristecerlo con el pecado ni apagar su fuego con la tibieza espiritual.

Fiel sosteniendo una vela encendida o cirio bautismal simbolizando la luz de la fe y el Espíritu Santo
Somos portadores de la luz de Cristo. El bautismo nos llama a mantener viva la llama de la fe en medio del mundo

Vivir en el Espíritu significa dejarnos guiar por Él en cada decisión, en cada relación, en cada momento del día. Es abrir el corazón a sus dones y dejarnos transformar por su gracia.

El Sacramento del Bautismo

El bautismo es el primero y más necesario de los sacramentos. Es la puerta de entrada a la vida cristiana y el fundamento de toda la existencia en Cristo.

La Fórmula Trinitaria y la Remisión de Todos los Pecados

El sacramento es válido cuando se cumple la materia (agua) y la forma (palabras) establecidas por Cristo. La fórmula esencial es: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

Esta invocación trinitaria no es opcional. Expresa que somos hechos hijos del Padre, hermanos de Cristo, por el don del Espíritu Santo. Cualquier alteración de esta fórmula invalida el sacramento.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que por el bautismo se perdonan todos los pecados: el pecado original y todos los pecados personales. También se remite todo castigo debido al pecado. El bautizado se convierte en una nueva creación, renacido del agua y del Espíritu.

Los efectos del bautismo son permanentes e imborrables. Imprime en el alma un sello espiritual indeleble que nos marca como pertenecientes a Cristo para siempre.

La Importancia del Bautismo Infantil y la Responsabilidad de Padres y Padrinos

La práctica de bautizar a los niños pequeños es una tradición inmemorial de la Iglesia, atestiguada explícitamente desde el siglo II.

Los niños nacen con una naturaleza caída, manchados por el pecado original. Aunque no tienen pecados personales, necesitan el nuevo nacimiento en el bautismo para ser librados del poder de las tinieblas y trasladados al dominio de la libertad de los hijos de Dios.

El bautismo de niños manifiesta la pura gratuidad de la gracia. El bebé no puede hacer nada para merecerlo. Es un don absolutamente gratuito del amor de Dios.

Cuando los padres bautizan a sus hijos, asumen una responsabilidad sagrada: educarlos en la fe. Los padrinos no son meros testigos honoríficos. Se comprometen a ser los primeros evangelizadores del niño, manteniendo encendida la llama de la fe con su ejemplo y su palabra.

Vive tu Bautismo Cada Día

La fiesta del Bautismo del Señor no es solo un recuerdo del pasado. Es una invitación a vivir cada día la gracia de nuestro propio bautismo.

Eres hijo amado del Padre. Cristo te ha revestido de su dignidad. El Espíritu Santo habita en ti como en un templo sagrado.

No permitas que la rutina apague esta verdad luminosa. Renueva cada día tu compromiso bautismal. Rechaza a Satanás y sus seducciones. Vive en la verdad de Cristo.

Y recuerda siempre las palabras del Padre que también resuenan para ti: “Tú eres mi hijo amado, mi hija amada. En ti me complazco”.

🙏 Oración al Espíritu Santo por la Fidelidad Bautismal

Espíritu Santo, que descendiste sobre Jesús en el Jordán,
desciende también sobre mí y renueva en mi corazón la gracia de mi bautismo.

Ayúdame a vivir cada día como hijo amado del Padre,
revestido de Cristo, templo vivo de tu presencia.

Fortalece mi fe, enciende mi esperanza, inflama mi caridad.
Que nunca olvide la dignidad que recibí el día de mi bautismo,
y que camine siempre por la senda de la santidad.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

📚 Fuentes y Referencias

  • Sagrada Biblia: Mateo 3:13-17; Marcos 1:9-11; Lucas 3:21-22; Juan 1:29-34; Romanos 6:3-4
  • Catecismo de la Iglesia Católica: Números 535-537, 1213-1284
  • Santa Sede: Homilía del Papa Francisco, Ángelus del 7 de enero de 2024
  • EWTN: Recursos doctrinales sobre el Sacramento del Bautismo
  • Tradición Patrística: Enseñanzas de los Santos Padres sobre el Bautismo de Cristo

Preguntas Frecuentes sobre el Bautismo del Señor

  • ¿Por qué celebramos el Bautismo del Señor?

    Celebramos esta fiesta porque en el Jordán se manifestó por primera vez el misterio de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Además, Cristo santificó las aguas con su inmersión e inauguró oficialmente su misión pública de salvación.

  • ¿Qué pasó cuando Jesús fue bautizado?

    Tres acontecimientos sobrenaturales (Teofanía) ocurrieron: los cielos se abrieron, el Espíritu Santo descendió en forma corporal de paloma, y la voz del Padre proclamó desde el cielo: “Este es mi Hijo amado”.

  • ¿Por qué Jesús se hizo bautizar por Juan?

    Aunque no tenía pecado, Jesús se bautizó para cumplir toda justicia, solidarizarse con la humanidad pecadora, inaugurar su misión como Siervo doliente y santificar las aguas del bautismo para que, a partir de entonces, tuvieran el poder de comunicar la gracia divina.

  • ¿Qué simboliza la paloma en el relato del bautismo?

    La paloma simboliza al Espíritu Santo que reposa sobre Cristo y sobre todo bautizado. Teológicamente, evoca también la paloma del diluvio (Génesis), que anunció la nueva creación y la paz restablecida entre Dios y los hombres.

  • ¿A dónde fue Jesús después de su bautismo?

    El Espíritu impulsó a Jesús inmediatamente al desierto, donde ayunó cuarenta días y fue tentado por Satanás. Allí venció al demonio, mostrándose como el nuevo Adán que permanece fiel a Dios donde el primer hombre falló.

  • ¿Recuerdas la fecha de tu bautismo?

    El Papa Francisco nos invita insistentemente a conocer y celebrar esta fecha como nuestro “nuevo cumpleaños”. Es el día más importante de nuestra vida, pues en él nacimos a la vida de la gracia, se borró el pecado original y nos convertimos en hijos amados de Dios.

  • ¿Cuál es el propósito del bautismo infantil?

    El bautismo infantil tiene como fin liberar a los niños del pecado original y del poder del maligno, e introducirlos en la libertad de los hijos de Dios. Manifiesta la total gratuidad de la gracia divina: Dios nos ama y nos salva antes de que podamos hacer cualquier mérito.

  • ¿Qué es el Bautismo de deseo o de sangre?

    Son formas de salvación para quienes no recibieron el sacramento:

    • Bautismo de sangre: Es el martirio sufrido por causa de Cristo sin haber sido bautizado.
    • Bautismo de deseo: Es el anhelo sincero de recibir el sacramento, unido al arrepentimiento de los pecados y a la caridad, que asegura la salvación a quien muere antes de poder bautizarse.
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